[Article 66]SABADOMINGO


SUBE, SUBE, SUBE
Sube, Sube, Sube
Bandera del amor
pequeño corazón
y brilla como el sol
y canta como el mar.

Canta como el viento peinador de trigo
Canta como el río, canta pueblo mío
¡SÍ! Lo pueblos que cantan siempre tendrán futuro

Dame tu esperanza, América India
Dame tu sonrisa, América Negra
Dame tu poema, América Nueva
América Nueva.

Volarán tu cóndor y el viento del Sur
Soplarán las alas de América Azul
Como el Sur, como un corazón
Como un pan.
Subirán al cielo de un amanecer
Sin dolor.

Sube, sube, sube
Bandera del amor
Pequeño corazón
y brilla como el sol
y canta como el mar.

Canta como el viento peinador de trigo
Canta como el río, canta pueblo mío
¡SÍ! Los pueblos que cantan siempre tendrán futuro
Canta por las voces de los que soñaron
Canta por las bocas de los que lloraron
Canta
Canta por los bellos días que se han ido
Canta por mañana, canta buen amigo
Canta, canta, canta. Canta…

(Víctor Heredia)

 

 

 

yeshua-leyendo-tora
“SABADOMINGO tendrás
una boca para el beso
otra boca para el rezo:
fiebre y paz”.

(César TIEMPO)

 

 

 

“…Todos emprendieron la ruta, menos Diana que se quedó en su sitio inmóvil como una escultura. Cristóbal, al verla en postura tan decorativa, le dijo:
-Vamos, hija, no niego que haces una bonita imagen, pero no te quedes ahí plantada como un florero. ¡Andando!
-Estoy esperando a Gabriel.
-Gabriel está hoy con su novia –y al percibir las llamaradas de celos que despedían sus ojos negros, le recordó riendo-. Pero Diana, ¿es que estás en la luna? Sabes bien que hoy es un rey, y que como todos los judíos, se prepara para recibir a su novia, ¡el Shabbat!
Sí, desgraciadamente lo sabía demasiado bien, pero se había olvidado por completo que hoy era sábado, su día más triste en el que se sentía como desposada sin anillos, o como esposa abandonada. Sus mejillas trigueñas se convirtieron en dos ardientes mitades de granada.
Esta palabra, con resonancias familiares, encontró eco en los niños que empezaron a bombardearles a preguntas.
Ariel y Cristóbal se sentaron en un tronco de araucaria. Todos hicieron una ronda a su alrededor..”.

 

jesus y niños

 

“…La voz melodiosa de Ariel se elevaba y confundía con el gorjeo de las aves, y los niños creían que ese éxtasis que sentían al escuchar sus palabras era ya el Shabbat.
Les decía que el tiempo es el velo de la eternidad; que es el corazón de la existencia. El tiempo es independiente y trasciende el espacio, es eterno. El hombre trasciende el espacio y el tiempo trasciende al hombre… El hombre trabaja en el espacio, seis días para dominar el mundo, y gasta tiempo para conseguir espacio, pero en el séptimo día intenta dominarse a sí mismo… El sábado no es un interludio, no es una tregua, sino la cúspide de la vida… es un día dedicado a Dios, un día de alegría, de amor, de paz interior, de descanso y de santidad… Es un preanuncio del tiempo mesiánico. Es el día en que se saborean las mieles de la vida eterna… ¡Es el día que reclama la eternidad!.
Y los niños, replegados en el espacio, escuchando embelesados sobre ese tiempo sin tiempo, también reclamaban ese día, querían saborear ya esas mieles que les parecían la más exquisita de las ambrosías. Preguntaban qué se hacía, qué se comía, qué se rezaba, qué sé sentía, querían saberlo todo. Uno de ellos palmoteando de regocijo, sugirió:
-¿Y por qué no lo celebramos nosotros también? ¡Si hoy es sábado!
Antes que nadie pudiese objetar nada a tan inocente propuesta, una vocecita reflexionó angustiada:
-Pero ¡si no hemos traído las velitas!
Varios voluntarios se ofrecieron a solucionar esta carencia.
Diana, que hasta entonces se había sentido arder como velita aislada y solitaria, ahora enfervorizada proclamaba.
-Sí, padre, ¡tienen razón los niños! ¡Deberíamos celebrarlo todos juntos!
Y siguieron diluviando las proposiciones y sugerencias. Las golondrinitas no se resignaban a tener que esperar tanto para degustar ese néctar divino. ¿Por qué no podrían hacerlo ya?
-Hijos –interrumpió Cristóbal con dulzura-, quizá algún día esto sea posible. Pero antes tendremos que aprender a celebrar nuestros domingos. Y esto no será hasta que no sepamos compartir el tiempo. Por nuestra posesión del espacio somos rivales de los demás seres, pero por nuestra vida en el tiempo somos sus contemporáneos. Es por esto que debemos primero aprender a vivir y edificar santuarios en el tiempo y no en el espacio, sino en nuestros corazones…”

(Fragmentos del Libro “Y Extranjero tu Fuiste en la Tierra de Egipto”)y-estranjero-tu-fuiste-en-la-tierra-de-egipto2